← VolverMarcelo Aguilar
Profesional ciudadano10 de agosto de 2026

Día del Minero: Lo que la minería nos enseñó a hacer

La minería ha impulsado en Chile capacidades técnicas, empresas de ingeniería y conocimiento para resolver desafíos cada vez más complejos. Un legado construido por generaciones de mineros e ingenieros.

Cada 10 de agosto, día de San Lorenzo, patrono de los mineros, reaparece una imagen profundamente arraigada en nuestra memoria: la del trabajador que se interna bajo tierra, casco y lámpara mediante, para enfrentarse a la roca. Esa representación sigue siendo válida. Pero explica solo una parte de lo que la minería ha significado para Chile.

La pregunta más interesante quizá sea otra: ¿qué capacidades construyó el país al intentar extraer y transformar sus minerales?

La respuesta obliga a mirar más allá del cobre producido.

Cuando la Gran Minería del Cobre fue nacionalizada en 1971, Chile recibió yacimientos, plantas e instalaciones de enorme complejidad. También enfrentó una dificultad menos visible. La salida de cientos de profesionales estadounidenses redujo abruptamente el acceso a conocimiento e información que hasta entonces permanecían en buena medida bajo control de las compañías extranjeras. Ingenieros, técnicos y trabajadores chilenos, muchos de ellos con experiencia acumulada en esas mismas operaciones, debieron asumir nuevas responsabilidades y desarrollar capacidades que hasta entonces habían estado radicadas principalmente en los equipos técnicos extranjeros.

Ese episodio admite una lectura política, y sería ingenuo ignorarla, aunque no la abordaremos acá. Pero hay un hecho técnico difícil de discutir: desde entonces, Chile tuvo que ampliar con rapidez su capacidad para operar, mantener y desarrollar algunas de las mayores minas de cobre del mundo.

Los resultados comenzaron a aparecer pocos años después. Codelco desarrolló el Convertidor Teniente, tecnología metalúrgica que posteriormente sería utilizada incluso fuera de Chile. En paralelo, Lo Aguirre avanzó en procesos de lixiviación, extracción por solventes y electroobtención, incorporando después aplicaciones bacterianas para minerales sulfurados. La ingeniería local comenzaba a generar conocimiento propio, aunque siempre en diálogo con tecnologías y experiencias internacionales.

Luego aumentó la escala de los problemas. Carén, operativo desde 1986, recibió los relaves de El Teniente mediante un sistema que hoy maneja del orden de 100 mil toneladas diarias. Los Bronces desarrolló una operación a 3.500 metros de altitud y un mineroducto de 56 kilómetros hasta Las Tórtolas. En 1998, Codelco puso en marcha Radomiro Tomic, que la propia compañía identifica como la primera mina diseñada y construida por ingenieros chilenos.

La frontera siguió desplazándose. La minería chilena aprendió a operar en alta montaña, automatizar equipos y buscar nuevas fuentes de agua para sostener sus procesos en uno de los territorios más áridos del planeta. En 2006, Escondida puso en operación en Puerto Coloso la primera planta desalinizadora construida por una compañía minera en Chile y Sudamérica: producía 525 litros por segundo y debía impulsar esa agua unos 170 kilómetros hasta una operación situada sobre los 3.000 metros de altitud.

Sería presuntuoso presentar esta trayectoria como una creación exclusivamente nacional. La minería chilena se desarrolló incorporando tecnología y conocimiento provenientes de distintos lugares del mundo. Pero ese intercambio encontró en Chile una capacidad profesional que fue creciendo con los desafíos: se consolidaron equipos técnicos en las compañías mineras, surgieron y crecieron empresas nacionales de ingeniería y proveedores especializados, y las universidades formaron generaciones de profesionales capaces de abordar proyectos cada vez más complejos. La ingeniería chilena aprendió integrando conocimiento externo, pero también desarrollando soluciones propias y acumulando experiencia en condiciones particularmente exigentes.

Ahí está, a mi juicio, uno de los legados menos visibles de nuestra minería. Cada desafío dejó detrás profesionales más experimentados, empresas capaces de abordar problemas más complejos y conocimiento disponible para el proyecto siguiente.

Por eso, al recordar hoy a San Lorenzo y a quienes han dedicado su vida a este oficio, vale la pena ampliar el reconocimiento. Los minerales estaban en nuestra geología mucho antes de que existiera Chile. La capacidad para encontrarlos, extraerlos, procesarlos y convertirlos en desarrollo fue construida por generaciones de personas.

Quizá esa sea una de las riquezas más perdurables que la minería ha dejado al país.